lunes, 16 de abril de 2012

BOQUERÓN VALLEY


Si no tienes ni idea de qué va el título de este post es que no te ha llegado aún nada sobre esto que hemos venido a llamar Boquerón Valley. Normal, acaba de salir a la calle, como quien dice. Pero bueno, hay varios sitios para saber más. Te cuento: para empezar, puedes acercarte al grupo creado en facebook (en pocos días cerca de 350 personas por allí opinando, apoyando, debatiendo…); también puedes acercarte a leer la filosofía inicial del proyecto, ideada en las entrañas de eMOTools y descrita para el arranque por el bueno de Amalio; por último, puedes seguir la conversación que pueda estar generándose en este momento por twitter con el hashtag #boqueronvalley, o puedes seguir la propia cuenta (@boqueronvalley) creada sobre la iniciativa. Mañana viernes tendremos un taller en el evento Málaga Se Mueve  para dar a conocer y discutir con todos aquellos que quieran participar en este proyecto cómo podemos seguir dándole forma en la práctica. Por cierto, el logo resulta ser algo tan sencillo como esto <*[[[>< pero combinado con maestría por la artista de la casa,Nati.
Boquerón Valley tiene el objetivo de convertirse en una suerte de ecosistema de emprendedores e innovadores que estén por Málaga, que se mantenga en  funcionamiento de forma natural, con el mínimo aporte de energía y estímulos externos. “La diferencia entre Silicon Valley y España no es el talento. Es el ecosistema”, es lo que leí hace poco en un artículo. Las comparaciones son odiosas y la lejanía es tal que resulta hasta ingenuo poner a ambos en la misma frase. Pero lo que quiere decir realmente es que la diferencia está en nosotros, en la capacidad de sostener un modelo de sinergias genuinas que no necesiten de demasiados estímulos o intromisiones institucionales para poder salir adelante. Esto es posible, pero sólo depende de la gente, de nosotros, de un espíritu algo irreverente y de una descarada intención de crecer con independencia de las condiciones limitantes del entorno. ¿Es posible crear un ecosistema así, a pesar de ser como somos y de estar dónde estamos?
Boquerón Valley quiere ser un proyecto colaborativo que permita generar sentido de comunidad a partir de una identidad y de un propósito compartido. Busca activar un sistema que contenga propiedades relacionadas con la colaboración genuina, la autogestión, el sentido de pertenencia, el respeto hacia su propia diversidad o la apertura decidida hacia todo aquél (persona y, sí, también institución) que quiera aportar y contribuir. Boquerón Valley es la consecuencia tangible que muchos emprendedores ya han iniciado: una red de redescompuesta por profesionales que apuestan por la iniciativa personal para crear sinergias y colaboraciones en un escenario tan incierto como retador.
Pero éste, a pesar de los párrafos anteriores, no es un post informativo: se trata de un post que también quiere ser escéptico: Boquerón Valley, por ahora, no es absolutamente nada… no más que una idea puesta en marcha, así como el contenido de un taller que mañana tendrá lugar en un evento.  Somos las personas los que decidimos qué hacer con nuestro entorno y esta iniciativa no está ahí puesta sólo para acercarse a ella, comprenderla, apoyarla y/o criticarla con buenas intenciones. Se trata de un proyecto que cada uno, desde la distancia y la cercanía que nos une y nos separa, habría de asumir como propio, pero respetando la diversidad inherente al mismo. Es en potencia un proyecto que busca un sentimiento de comunidad compartida entre personas con los que quizá (aún) no se mantienen vínculos fuertes. Nos une el hecho de ser emprendedores, querer innovar en nuestro ámbito y ser de (o estar en) Málaga… que no es poco.
Ahora es el momento de tener ilusión y también la visión de querer construir algo verdaderamente interesante con esta iniciativa, pero me parece que también es momento de adivinar algunas de las dificultades con las que es más que probable que nos topemos (me incluyo). Algunas de esas piedras del camino son inclinaciones legítimas y propias de todas y cada una de las personas, pero pueden entorpecer, más que ayudar:
·                            Celos por la diversidad: que otros tengan opiniones diferentes a las propias genera rechazo. Ya sabemos que la diversidad contiene riqueza, pero si las opiniones que se consolidan no son las que uno quisiera, lo normal es que nos asalten ímpetus combativos mezcladas con ideas conspiranoicas que no ayuden al bien común. Considerar las opiniones contrarias como opiniones enemigas no ayuda, pero hay que hacer un esfuerzo para no tratarlas como tal.
·                            Criticar por criticar: todos vemos los fallos de los demás, pero somos (casi siempre) incapaces de reconocer los nuestros. La tendencia humana es la de entrometerse en lo malo de los demás… algo que no encaja con el espíritu de colaboración que propugnamos. Todos tenemos permitido cometer errores y todos tenemos permitido aprender de ellos, sin que vayan por detrás cuchicheando sobre lo que hemos hecho o dejado de hacer. Pero claro, esto es sólo la teoría…
·                            Búsqueda de resultados cortoplacistas: probablemente Boquerón Valley no sea nada si nos empeñamos en “verle color” a corto plazo. Un buen proyecto necesita buenos fundamentos, algo que compite con la rapidez que en muchas ocasiones exigen las cuentas corrientes. Hay que saber equilibrar el tiempo necesario para construir un proyecto sólido con la posible premura para que aparezcan los resultados que nos gustaría encontrar a través de esta iniciativa.
·                            Pérdida de tiempo por los detalles menores… que son importantes, pero que quizá no sean los que tenga que ocupar nuestro tiempo en los momentos iniciales. Son cuestiones de fondo las que tienen que preocuparnos de inicio y no tanto si el logo o el nombre podrían ser otros (no digo que no sea también importante discutirlo, ojo). Primero el contenido, después las formas.
·                            Intenciones buenistas sin sacrificio: la idea del Boquerón Valley es chula. A mi no me cabe duda de ello. Pero la gente que quiere arrimar el hombro tiene que tener claro que es necesario ocupar tiempo en apoyar la iniciativa, tiempo de reflexión, de aportación, de reuniones, de…
·                            Jerarquización: toda organización requiere de una organización interna para que impulse sus iniciativas, sí. Pero entre los extremos de jerarquización máxima (propia de la mayoría de las organizaciones) y anarquía hay muchos puntos intermedios. El proyecto debe valerse de un grupo de personas que actúen en estos inicios como agentes tractores, como impulsores para su posible consolidación, pero debe cuidarse e intentar integrar a aquellos agentes invisibles, esos emprendedores no tan relevantes por las redes sociales o tan conocidos por la razón que sea. Debe integrar a cuantos más mejor a través de una estructura plana en la que predomine la plurarquía y quizá unos pocos dictadores benevolentes que ante la incertidumbre tomen la decisión que mejor le venga al grupo en su conjunto.
Nacho Muñoz

miércoles, 28 de marzo de 2012

Innovación Rural

Hola de nuevo, últimamente estoy leyendo y escuchando muchas experiencias de personas que desean volver a sus pueblos de origen, y si no lo tienen, buscarse uno.

Desean una vida más sencilla, sin tantas complicaciones. Desean trabajar, pero no pasar el día trabajando. Consideran una perdida de tiempo el trayecto al trabajo, hasta mas de dos horas al día! Desean poder llegar a casa a una hora prudencial y poder pasar tiempo con la familia, retomar sus hobbies, tomar una cerveza con los amigos... Solo piden una vida!

Hay tantas cosas que me alegran cuando estoy en el pueblo... El simple hecho de abrir la ventana y poder ver el cielo, me da la fantástica sensación de que soy libre. Da igual que haga sol o llueva, soy libre.

Por todo ello, y retomando el tema, es posible tener un trabajo del siglo XXI y trabajar en un pueblo? Os dejo esta historia que me ha hecho reflexionar.

La vida en los pueblos es tranquila, lo sé porque me crié en uno. Para mí, demasiado tranquila. Lo recuerdo cada verano y en muchos de los puentes en los que regreso al lugar en el que nací.
Cuento muchas veces que en uno de los dos cruces con semáforos que tenemos, pongo a prueba a mis paisanos y procuro no arrancar cuando la luz cambia al verde. Es difícil que te den un bocinazo, como mucho te gritan si es para hoy… Te recomiendo que no intentes esta prueba en Madrid a no ser que lleves los guantes de boxeo contigo.
La gente camina despacio, habla despacio y saborea los días con calma. Gastar una vida en un pueblo debe ser como tener una vida extra. Como si las montañas, las vacas y las casas bajas de piedra te regalasen otra partida al comecocos.
Aquí un router que no funcione, no puede amargarte el día. Ni una gestión pública hacerte perder una mañana. Las mañanas no se pierden, se echan hablando con unos y con otros. En mi gestoría me dicen que fulanito tardará unos quince minutos porque ha tenido una inspección (imagino que de Hacienda) en el pueblo de al lado. ¡Quince minutos!
Cada vez que vengo me hago la pregunta de si sería posible vivir de las nuevas tecnologías en un pueblo como el mío. Sigo sin tener la respuesta clara. Imagino que aquellos negocios altamente dependientes de Facebook o de Google no se resentirían mucho por cambiar su domicilio social a un pueblo sin ecosistema tecnológico ni nada por el estilo.
Respecto a la posible necesidad de viajar, las videoconferencias me han ahorrado varios miles de euros en el último año y creo que no debe haber en España ningún pueblo a más de hora y media de coche al aeropuerto más cercano.
Creo que los pueblos a una hora de las grandes ciudades serán los más favorecidos demográficamente y en materia fiscal. Pocos seguirán queriendo vivir en el centro si a pocos kilómetros y por la mitad de precio puedes tener una bucólica casa rodeada de árboles, en vez de humos y de ruidos.
Programadores, emprendedores, diseñadores gráficos, especialistas en SEO, en redes sociales o en modelos de empresa basados en aplicaciones móviles, vivirán en pueblos tan bien como el cura, el alcalde y el médico de mi época.
Si tu excusa es la educación de tus hijos, pues tampoco te preocupes, la calle de los pueblos educa tanto o más que la calle de la ciudad. Cuando llegue la universidad no querrán vivir contigo haya o no universidad en el pueblo.
La no presencia impuesta en la oficina ya aplicada en empresas como Microsoft o Telefónica será la tónica habitual y el trabajador podrá decidir dónde emplea la mayor parte de sus horas, mientras la productividad no lo note.
Imagino que las empresas innovadoras altamente dependientes del talento de sus equipos tendrían más problemas para reclutar y formar a sus empleados. Pero estoy seguro de que muchos de esos talentosos profesionales no tendrían muchos reparos en pagar una quinta parte por una casa que haría enmudecer de envidia a muchos pisos de la Castellana aunque solo fuese por sus vistas. A comer como los ángeles, por la mitad de precio, y a tener una vida extra por lo despacio que pasan las vidas en los pueblos.
Historia de 

miércoles, 21 de marzo de 2012

I'm back

He vuelto, y lo que es mejor, intentaré volver todas las semanas.
Ahora lo importante es ponerse al día, así que voy a integrarme en el Grupo de Innorural con el permiso de mis compañeros y del Prof. Carballo. Es por ello que solicito a todos ellos que me acepten en el grupo de Linkedin.
Lo dicho intentaré ponerme al día y aportar todo lo que pueda para que del trabajo de este grupo salga algo grande!
Saludos a todos!